Mundo ficciónIniciar sesiónJustin
Permanecí inmóvil.
En la frontera de su carne, de su aliento, de eso que en ella llamaba sin atreverse a nombrar. Aimée ya no era una joven dócil, ni siquiera una amante transida: era el manuscrito de mis pulsiones. Una piel blanca ofrecida a la tinta negra de mis deseos. Y yo estaba listo para escribir.
Lentamente, le quité la venda de los ojos. La luz roja acarició su mirada velada de sombras. Apenas parpade







