Élise
La mañana del juicio siguiente, el ambiente del tribunal me parece más pesado, saturado de la electricidad dejada por nuestro último encuentro. Cada paso que doy por los pasillos resuena como un cruel recordatorio: él estará ahí, al otro lado, listo para cruzar mi mirada y desafiar mi concentración.
Cruzo las puertas de la sala de audiencias, mi traje perfectamente ajustado como una segunda piel, y allí está él. Gabriel Dumas. Sentado con esa desfachatez insolente que parece desafiar todas