Elise
La puerta se cierra de golpe detrás de mí, y el silencio cae como una losa. Me quedo inmóvil, la espalda contra la madera, los ojos cerrados. Mi respiración es corta, mi pecho doloroso, mis manos aún tiemblan. El calor de su cuerpo, de su voz, de su piel me persigue como una quemadura que se niega a apagarse. Pero es la vergüenza la que me desgarran, más viva aún que el deseo.
Echo mi bolso en un rincón, arranco mis zapatos con gestos bruscos, y atravieso el apartamento de un lado a otro,