—Papá, ¿que haces aquí? —pregunté, asustada y mirando hacia todos lados.
—¡Emilia! —exclamó, tomándome de un brazo y arrastrándome hacia un auto. Entramos en él para poder conversar.
—¿Qué haces acá? ¿Me estás siguiendo? —consulté, confundida.
—No, fue solo coincidencia. —Miró nervioso para todas partes.
—¿Por qué estás tan nervioso?
—Emilia, aléjate de mí.
—¿Te sigue la policía?
—Ojalá fuera eso.
—¿Mataste a mi madre?
—¿Cómo se te puede ocurrir? —Clavó sus ojos en los