Corrí detrás de él y de inmediato me detuvo.
—No, Emilia. Ambos necesitamos un descanso. Tenemos mucho en qué pensar.
—Por favor, no me hagas esto. —Intenté acercarme.
Mi rubio se alejó y de inmediato dijo:
—No es lo que quiero, créeme, pero es lo correcto. —Subió al ascensor.
Nuevamente quedé sola. Renato llegó una hora más tarde. Tuve que contarle todo desde un comienzo.
—Em, lo que me cuentas está para una película de terror. ¿Por qué no llamaron a la policía desde un comienzo? —d