Rogel
He despertado al no sentirla entre mis brazos, casi muero del susto, me levanté corriendo a buscarla por la habitación. Al no verla me puse unos pantalones de pijama y bajé rápido tratando de localizarla. Al llegar a la cocina, la señora Meli me mira con los ojos abiertos al verme sin camisa.
—Buenos días, hijo, ¿qué sucede?
—Perdone la falta de ropa, señora Meli, pero…
—Tranquilo, ella está bien, está en el columpio. ¡Ah! Y no me digas más señora Meli, dentro de poco deberás llamarme mad