Se quedó completamente congelado, mirando a Valeria, incrédulo ante lo que acababa de escuchar.
—¿Ella… te castró? ¿Eso es lo que estás diciendo? —murmuró—. ¿Canadá no fue mi culpa?
Se llevó las manos al rostro, derrumbado.
—¡Entonces estás diciendo que esta perra estaba detrás de todo! —rugió, intentando abalanzarse sobre ella, pero Néstor se interpuso de inmediato.
—¡Néstor, muévete! ¡Deja que este cobarde me golpee! ¡Golpéame, pedazo de mierda! —le gritó Valeria.
—Te vas a pudrir en la cárce