Empecé a entrar en pánico.
—¿Damián? —grité, esperando que me escuchara.
Pero todo estaba en silencio.
La ansiedad me envolvía y los pensamientos negativos comenzaron a invadir mi mente. No sabía si avanzar o regresar. Respiré profundamente y traté de calmarme; no había motivo para perder la cabeza, o al menos eso intenté convencerme.
Elegí la puerta que daba al hueco de las escaleras. Las escaleras siempre llevan a un nivel inferior… y, con suerte, a una salida. Corrí por los peldaños bla