Mientras ella gemía, disfrutando cada segundo, yo seguía empujando con fuerza, como si desenterrara toda la mierda que había caído sobre mi vida en el último mes.
Le gustaba duro, muy duro, y yo no pensaba decepcionarla.
Cuando terminamos, los dos quedamos exhaustos, sudados, tirados en el suelo, dándonos palmaditas mientras jadeábamos por aire.
Tenía mucho miedo de que el desastre del avión fuera el culpable de mi incapacidad para levantarlo, pero resultó que era simplemente tensión… y que tod