El maldito imbécil lo reveló todo sin consultarme.
Néstor podía ser leal a él, sí, pero yo no confiaba en él. No recordaba jamás haber aprobado meter a una tercera rueda en nuestros planes, mucho menos a Néstor.
—¿Qué estás haciendo, Damian? —pregunté intentando no explotar, mientras veía a Néstor completamente aturdido.
—Néstor, ve a calentar la pizza —ordenó Damian—. Necesito hablar con Valeria a solas.
Néstor se levantó enseguida y salió hacia la cocina. Daba la impresión de necesita