—Tienes que dejar de llorar. Debes ser fuerte por Kendra —repetía una y otra vez, mientras avanzaban detrás de los guardias que llevaban al psicópata.
Los seguí hasta un dormitorio excesivamente lujoso. Sin embargo, lo que captó toda mi atención fue la cama y la extraña máquina ubicada en una esquina. Cuando colocaron al psicópata sobre el colchón, Valeria comenzó a conectarlo a los tubos con manos temblorosas.
—No deberías estar aquí —dijo Néstor, empujándome fuera de la habitación.
—¿De qu