—Jefe, creo que debería dejar que Valeria hable —sugirió.
—Ella va a aceptar todas sus exigencias, o incluso a hacerle ofertas estúpidas —respondí mientras me desenganchaba de la máquina.
Se acabó el tiempo. Ya me había acostumbrado a desconectarme; siempre había sido lo mejor para mí.
Planeé aprovechar esas seis horas al máximo. Probé mover la mano derecha y respondió; sólo podía suponer que era efecto de la máquina o que algo no estaba saliendo según lo previsto. Decidí mantener la boca