Intenté apartarme, pero se aferró con suavidad.
—Hola, pequeño. Espero que estés descansando como lo necesitas —dijo con una sonrisa—. Soy tu papá y no puedo esperar a conocerte. Tengo muchas cosas planeadas para ti, para tu madre y para mí.
Una ola de emociones me golpeó de lleno y las lágrimas rodaron por mis mejillas. Supongo que algunas personas necesitan un momento decisivo en la vida para abandonar sus peores hábitos.
—Fiona, ¿estás bien? ¿Por qué lloras? —preguntó, levantándose para s