—Eres muy manipulador —respondió entre un sollozo y una risa nerviosa, mientras las lágrimas le caían por las mejillas—. Sabes que si digo que no, me ignorarás hasta tu último aliento.
—No puedo evitarlo. Por más que lo intenté… todo iba a ser tuyo desde aquel día en que aceptaste acompañarme a la casa para buscar venganza.
Ella acercó su rostro al mío e hizo su propia petición: quería que viera al bebé antes de morir, y quería que yo supiera el sexo del bebé. Si iba a legarle mis bienes,