A pesar de haber apostado por una niña, exclamó emocionado:
—Ahí está.
—En realidad, es una niña —confirmó el médico, llenándolo aún más de alegría.
Néstor y yo intercambiamos una mirada perpleja. No sabía si enfadarme o darle un puñetazo a Damian por su reacción, así que simplemente me quedé mirando la pantalla, en shock… pero sin permitir que nada arruinara aquel momento tan hermoso.
—Enhorabuena, va a ser una niña —repitió el médico.
—¿Está seguro? —pregunté.
—Muy seguro. Y parece sana y per