Cuando el ambiente finalmente se calmó y Marcella logró controlar sus emociones, decidió sentarse en uno de los bancos del jardín de su casa. Disfrutaba de la tarde, que aún permanecía luminosa y tranquila. Ya había jugado con Andy, que se veía adorable y crecía sano. Marcella agradecía tener tiempo para jugar con él, porque la presencia de Andy lograba aliviar parte de la frustración que llevaba dentro.
Marcella no podía imaginar su vida separada de Andy. Seguramente viviría sometida a una pre