La boda de su exmarido se celebraba aquel mismo día. Desde el momento en que abrió los ojos por la mañana, Luciana se sintió sorprendentemente indiferente. No había ni una pizca de peso en su corazón, ni siquiera tristeza o decepción. Tal vez porque el dolor y la desilusión habían sido demasiado profundos, y porque todo lo que Dante y Marcella le habían hecho había terminado por arrancar de ella cualquier vestigio de amor que alguna vez sintió por Dante.
Además, ¿por qué seguir aferrándose a al