Mi cuerpo empieza a temblar por el miedo que siento, chillo pidiendo ayuda. Me tapa la boca y pega su frente a la mía.
—Perdóname, no debí hacer eso —dice, mientras huele mi pelo.
—¡SUÉLTAME! —repito llorando, llena de rabia e indefensa.
—Cuando estés tranquila te soltaré poco a poco, no quiero que nadie piense que soy un depravado —dice, mientras limpia las lágrimas que recorren mi cara, a medida que me va soltando.
—Que me dejes en paz —le digo empujándolo.
Carlos me abraza, acaricia mi