CAPÍTULO 31

La claridad del día va entrando por las ranuras de la puerta. Primero se estira Nicoletta y después yo. La cadena es tan corta para las dos, que casi no podemos movernos.

—¿Crees que Yurik nos encontrará? —pregunto a Nicoletta.

—No lo sé, pero espero que sí.

—Perdóname, yo no quería que esto pasara —le digo llorando.

—Lo sé, pero la culpa de esto es mía, fui yo

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