Dereck encerrado se había tomado más de la mitad de la botella de whisky y balbuceaba sollozante
—¡Mierda vida! ¿De queee vale ah?, mi nueraa murió pooor mi cuulpaaa, ¡por mi cuuulpaaa!, por esa zorraaaa de mierdaaa queee se me metiooo en laaa oficinaaa a seduciiirmeeee —rompió el vaso contra el suelo gritando —¡Maldita seaaa!
Se quedó parado sosteniéndose en la pared, lanzando maldiciones, tocaron la puerta, era el ama de llaves llamada Sarah, que indagó con temor.
—Señor Dereck, ¿está bien?