Capítulo 63. Sombras de engaño.
El sol ya comenzaba a ponerse, lanzando un brillo naranja sobre el paisaje mientras Genoveva avanzaba hacia la puerta. Enrico la seguía de cerca, sus pasos calculados, sus ojos vigilantes.
La tensión entre ellos era palpable; Genoveva sabía que cualquier movimiento en falso, cualquier palabra equivocada, podría ser su última. Los hombres de Enrico la flanqueaban, observándola como si fuera una pieza más en el juego, dispuestos a intervenir si la situación lo requería.
A medida que se acercaban