Capítulo 51. Se caen las máscaras.
La sonrisa de Genoveva se desvaneció, reemplazada por una expresión fría y calculadora.
—No sé de qué estás hablando, Lisandro.
—¡No me mientas! —gritó Lisandro, golpeando el escritorio con sus palmas. —Sé que fuiste tú quien orquestó nuestra separación. Quien le hizo creer a Carolina que yo quería que abortara. ¡Maldita sea, madre! ¿Cómo pudiste hacerme eso? ¿Cómo pudiste intentar matar a tu propio nieto? Es que ni los animales se comportan como tú.
Genoveva palideció por un instante, pero ráp