Capítulo 35. Estoy loco
Un calor desconocido se adueñó del cuerpo de Penélope, había experimentado las mieles del amor en el pasado, pero no podía compararse con el deseo y la pasión que los besos de Theo despertaban en su cuerpo. Deseaba más, se sentía hambrienta de todo lo que él podía darle.
Los latidos de su corazón y su pulso se aceleraron cuando Theo abandonó sus labios y deslizó la boca sobre su mentón, buscando la curva de su cuello.
Penélope gimió al sentir la rodilla de Theo rozar su entre pierna, enviando un