Nikko arrastró las manos por su cabello, limpió de su boca aquellos abundantes rastros de sangre y se levantó con mucha dificultad, tratando de ocultar que le dolía todo y que Maël le dejó mareado.
—¡¿QUÉ PASÓ AQUÍ?! —Ninguno de nosotros le respondió al conserje y tampoco nos dedicamos a verle llegar o entrar.
Nuestras respiraciones al unísono, nuestras miradas enredadas entre sí bajo el reto de ver quién bajaba la guardia primero. Al parecer, el casero entendió la situación porque no habló má