CAPÍTULO 106

Nos volvimos a sentar y Maël pidió un poco más de agua para luego poner el vaso frente a mí.

—Toma. La necesitas —me dijo serio, pero luego se echó a reír.

—Deja el cachondeo, Maël. Ya te veré cuando te persiga todo el mundo y no puedas asomarte ni al frente de tu casa.

Él seguía riendo.

—No exageres, esto fue pura casualidad. Tú tienes tus propios fans y no es que te atosiguen, ¿o sí? —Él no paraba de reír, pero luego se calmó—. Por cierto, hablando de otras cosaa, no seme olvida que gracias a
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