Encendía y apagaba la pantalla de mi celular una y otra vez, mientras observaba la noche pasar a través del gran ventanal del apartamento. Con las persianas abiertas al completo, dejando un vidrio descubierto en todo su esplendor, mi pierna izquierda colgaba desde la encimera frente a la cocina, llevando el ritmo de mi inquieta mano, mientras mi barbilla pegada a la rodilla derecha creaba una mueca en mis labios. Eran las 4:21 de la mañana.
Miré de nuevo la pantalla. Allí, un texto de Maël.
Maë