—Cata, ¿nos vamos? —interrumpí la larga conversación que ella mantenía con Nikko en el estacionamiento.
—Sí, claro —dijo amena. Cruzó miradas con su primo antes de dirigirnos a mi carro y montarnos.
—¡Hey, chicas! —Pina, la esposa del primo Harry fue corriendo hacia nosotras—. ¿Puedo irme con ustedes, por favor?
—Claro, móntate —le indiqué.
Lo hizo y arrancamos.
La conversación, mientras me quitaba las prendas mojadas en el cuarto de la dueña, ya estando en la casa de Catalina, se enfocó en Pin