Pasamos sin ningún protocolo, no había guardias jurados en la entrada ya que era con pase libre. Caminamos entre cuerpos sudorosos, drogados, bebidos, enérgicos e inquietos. Nos entretuvimos por un momento para observar un performance que un grupo de personas con aros de colores fluorescentes en el cuello, pies y manos, batían al ritmo de la ecléctica melodía de fondo.
—¡Quiero presentarte a mis amigos! —gritó por encima de la música.
Asentí, intentando disipar la tensión acumulada en mi espald