CAPÍTULO 49

Varias cabañas con paredes de piedra, cemento y barro en tonos grises y techos de madera, perfectas para lps inviernos del norte, eran las posadas en las que nos hospedamos: una línea no tan larga de casitas muy cerca de Afife.

Maël se disculpó con el grupo, debía retirarse por unas horas para llevar las cosas que dejó el hijo de Catalina olvidadas en la playa. Casualidad mundial que el propio Maël se ofreciera a buscarlas. La divina providencia esparció su extraña bendición sobre nosotros.

Aho
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