Llegó la cuenta regresiva. Todos cantamos a gritos los minutos en retroceso hasta cumplirse la primera hora del año nuevo y Nikko, dejando de lado su sequedad una vez más, asustándome y sorprendiéndome con ello, me regaló un beso largo, muy largo, dándole así la bienvenida a ese año.
Me sumergí, me dejé llevar, ¡sentí! Verdaderamente sentí ganas de estar con él. Me vi amándolo, dándole muchas más cosas de las que ya le había dado.
Al rato pude escabullirme al frente de la casa buscando un lugar