—Me alegra que él estuviera aquí —respondió en un susurro Elisa cuando, medio dormida, escuchó a su preocupado hermano preguntarle qué sentía en realidad de que ese hombre apareciera de la nada y se estableciera con todos sus derechos como padre de Emma y Edna.
Humberto, que había entrado en silencio a la habitación que se mantenía con la puerta abierta, no solo escuchó la respuesta, también había escuchado la pregunta, por eso no pudo evitar sentirse feliz y sonreír como un bobo, un bobo enamo