—Bienvenidas a casa —dijo Humberto, bajito, viendo a su amada llegar colgada del brazo de su hermano mayor, quien en el otro brazo cargaba a una de sus bebés, y detrás de ellos iba la esposa de ese hombre rubio, cargando a la otra bebé y una gran pañalera.
Ni bien había regresado a la ciudad, Humberto Valtierra llamó a Elisa, pero la llamada fue tomada por Mayte, quien le informó que tanto la joven como las pequeñas estaban siendo dadas de alta, y le dio su dirección para que fuera a ese lugar,