20. Ramsés protege a su esposa
— ¿Qué la tiene sonriendo de esa forma? — le preguntó María a Gala, en la cocina, a primera hora de la mañana siguiente.
— ¿A mí…? — contestó la muchacha, sonrojada.
— Sí, jovencita, a ti. Anoche parecías un alma en pena y hoy… luces distinta.
— No es nada, cosas tuyas, Marías. Por cierto, ¿has visto a mi nana? Desde ayer que no sé de ella y estoy preocupada. Me dijiste que fue al pueblo, ¿verdad?
— Sí, pero según el peón que la llevó… no ha vuelto, tampoco ha querido darle razones.
— No entiend