97. LA FUERZA DEL PODER
NARRADORA
—Entonces lo haremos posible. Creo que te han salido demasiadas agallas.
Las palabras de Elizabeth sonaron como una sentencia de muerte.
Sin mediar más diálogo, sus ojos fulguraron con llamas y, del interior de su manga, salió un fuego mágico que recorrió los hilos directo al brazo de Rhett.
No podía zafarse por mucho que luchara y se quemaría hasta que a ella le diera la gana de darle algo de misericordia.
Elizabeth planificaba hacerlo sufrir demasiado, pero, en un segundo, e