109. UNA DÉBIL PROMESA
NARRADORA
Joder, que hasta él tenía ganas de vomitar frente al cascarón vacío que se mostraba encima de la mesa.
Las cuencas de los ojos se habían hundido, dejando un agujero negro donde algo se movía en las profundidades… posiblemente gusanos.
—Tápenlo y llévenlo al maletero, maldita sea, es insoportable el hedor —Harris bufó, expulsando el aire por la nariz de golpe, a ver si despejaba la inmundicia.
—¿Qué hacemos con el Alfa Rowan? —preguntó otro de sus hombres.
Harris miró el cuerpo del Alf