CAPÍTULO 97. DESPIERTO
Henry colocó ambas manos sobre sus mejillas, y acercó sus rostro al de ella, ambos rieron al sentir cómo las gotas de la regadera, chocaban sobre sus cuerpos. Las pupilas de Lucía estaban dilatadas, respiraba agitada al sentir como su virilidad cobró vida.
—Ya no puedo esperar más por ti —confesó ferviente por él.
Los dedos de Henry, se deslizaron por los empapados hombros de Lucía, y sonrió.
—Eres muy atrevida —mencionó con la voz enronquecida—. Yo no me hubiera atrevido a buscarte, no me sent