CAPÍTULO 14. UN CONSEJO

Ivy saltaba divertida sobre un brincolín, regalo de su papá. Desde la comodidad de una tumbona Camila y William se sentaron a verla, disfrutar de aquel momento.

— ¿Vas a venir a brincar conmigo? —Ivy gritó a William.

Él sonrió y negó con la cabeza.

—No, eso es para niños —mencionó.

—Anda, aunque sea un ratito —volvió a gritar la niña—, por favor, te lo pido —solicitó sin dejar de brincar.

Ladeó los labios y sonrió, se puso de pie y caminó hacia la pequeña, entonces se retiró su calzado deportivo y se subió al brincolin. Soltó una carcajada cuando saltó y su hija salió volando, por lo que de inmediato la sujetó y se dejó caer con la niña, muerto de la risa.

—Es peligroso que estemos juntos aquí.

Ivy prosiguió saltando con su papá acostado.

—Será mejor que no te muevas, casi salgo disparada al césped —mencionó sin poder dejar de reir.

Desde donde los observaba, Camila tampoco pudo evitar reír, hacía tanto que no disfrutaba de un buen momento, que aquel pequeño instante, significó mucho
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