El ambiente se siente cargado de energías negativas, pero una vez mis pasos llegan a la mesa, tanto la mirada de mi padre como la de Richard cambia a una amigable e incluso, sueltan una risa forzada, de esas que nadie en su sano juicio puede tomar como real.
Mi madre llega pocos segundos después y se ubica al lado de mi padre, quien inmediatamente se pone en pie, le regala una sonrisa y toma su mano.
—Ya no somos tan jóvenes, así que debemos ir a descansar — luego me mira y continúa hablando —r