Tenía catorce años cuando mi cuerpo inició a tomar forma de mujer y empezaron a llegar las famosas invitaciones a las fiestas de quince, aquella dulce época de la vida en que una chica es presentada en sociedad. Por aquellos días, nunca se me había ocurrido pensar en lo que significaba ser presentada en sociedad.
Muchos conocidos y amigos de mis padres tenían hijos de más o menos mi edad, así ese tipo de invitaciones abundaron por aquellos días.
El evento fue tan formal y elegante como se podí