capitulo 26
William no se movía. Ni un músculo. Las palabras de Amelia parecían haberse clavado en su pecho con la precisión de una daga. Marcus lo miraba de reojo, cruzado de brazos, atento a cualquier signo de arrebato. Amelia, con el cabello enmarañado por el disfraz, el rostro aún tenso por la humillación, sostenía la mirada del conde con la fuerza de quien ya no tiene nada que perder. No sabía en qué momento había dejado de temblar, quizá justo después de haberle dicho todo, de haber escupido la verdad
Lilly Saucedo

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