Cuatro sombras pasaron velozmente, eliminando la franja de luz que se filtraba.
Contuve la respiración.
De repente podía sentir hasta el más mínimo movimiento de Costas, sus dedos sobre mis hombros, su respiración profunda y sus mechones de cabello, haciendome cosquillas en el rostro. De alguna forma era atractiva esa sensación de adrenalina y peligro, tan fuerte como el impulso de empujarlo y salir corriendo.
Sin quererlo levanté la mirada solo un poco, detallando su rostro, miraba a la nada