El sol brillaba intensamente en Florencia. Mis lentes oscuros apenas eran de ayuda.
Emilio llevaba el mismo par de lentes oscuros que no me permitían ver sus ojos pero sí la sonrisa que me dió al notar que lo veía. Aparté la mirada avergonzada.
Sinceramente no imaginaba a Emilio como un hombre sencillo que caminara bajo el calor del sol y la frescura del viento, disfrutando de ello, pero allí estaba, sonriéndole a la nada.
El jardin botanico brillaba como un diamante, debido a que los rayos s