No sabía cuánto tiempo había pasado pero ya había anochecido y el salón se volvía cada vez más frío. La falda de estudiante no ayudaba.
Emilio permaneció en silencio a mi lado,con esa tonta sonrisa surcando sus labios.
-¿Te parece divertido?- Me miró de reojo antes de sonreír ampliamente. Contuve las ganas de bufar.
Sin decir nada, se quitó el abrigo que llevaba y me cubrió, los nervios movieron mis brazos con urgencia y me apresuré a devolvérselo, dejándolo sobre sus piernas.
-Estás temblando