El brillante azul del cielo no me parecía tan agradable como de costumbre.
Me regañé a mí misma al notar como me dejaba arrastrar por la depresión y mis ánimos, cayendo en picada. Suspiré.
El grito potente de los chicos y el sonido sordo de los choques de las armas y los golpes, eran contenidos por las paredes de cristal a la que Adriano y yo le dabamos la espalda.
-¿Dónde estuviste estos días?
- Trabajando - Murmuré, concentrandome en sonar convincente y suprimir los recuerdos que esa respues