En menos de una hora, recibió un mensaje de Alfonso, en donde, le pedía disculpas por su comportamiento y le suplicaba que no cortara lazos de amistad y menos laborales.
Libia leyó el irrelevante texto recostada bocarriba en la cama, apoyando su peso sobre sus codos.
Enseguida su teléfono vibró, era Tiodor. Esa emoción irracional se apoderó de ella, y su entrepierna se humedeció debido a los recuerdos que de nuevo azotaron su mente.
Inhaló y exhaló, tratando de disipar esa extraña necesidad d