Una verdadera historia de amor.
Alfonso escuchaba con horror el relato de Libia.
—No, ¡me niego rotundamente a que participes con esa línea barata! —Se pasó la mano por el cabello—. Todo lo que he trabajado se irá al carajo porque no puedes controlar tus hormonas.
—Oye, no se trata de lo que crees —se defendió.
—Es obvio que ese sujeto aterrador te prende —le dijo con obviedad—. Se te nota que eres muy de esas.
—¿¡Perdón!? —Estrechó la mirada.
—No te juzgo. Conozco a un tipo que le gusta que las scorts lo orinen en el sexo.