Los días habían transcurrido con aparente calma. Lara y Amelia aún permanecían internadas, aunque ellas no se cruzaron en ningún momento en el sector de neonatología y es que Amelia no se había dignado en ver a sus bebes en ningún momento. Sus niñas ya estaban muy bien, con peso óptimo por lo que se calculaba que en escasos dos días más le darían el alta.
Los gorditos de Lara estaban creciendo a pasos agigantados. Su preciosa madre y su padre iban cada tres horas a verlos, como lo habían acorda