El karma había llegado a la vida de estos hombres de una manera increíblemente dolorosa. Ellos, que se creían intocables, inmortales, dioses de los destinos de los más débiles, estaban recibiendo un poco de todo lo que habían hecho. Esto solo era una pizca, una nimiedad, al lado del daño que ellos habían infringido en otros. Hombres, mujeres y niños habían padecido bajo el influjo de la mafia que Franco y Arturo Puentes comandaban. Ellos no eran los más poderosos, pero sí eran muy prolíficos y