Anahí bebió de su copa, sin sospechar el más mínimo peligro. El vino resbaló dulce por su garganta, pero su mente estaba en otro sitio. Miró discretamente su reloj de pulsera, sintiendo una ansiedad creciente. Freddy debía estar durmiendo ya, y ella odiaba no estar junto a él.
—Es tarde, debo irme —dijo, dejando la copa sobre la mesa con suavidad.
Antes de que pudiera retirarse, Bruno tomó su mano entre las suyas. Sus dedos firmes y decididos envolvieron los suyos, impidiéndole moverse.
—Anahí —