Freddy lloraba desconsolado, con el rostro escondido en el cuello de su madre. Anahí lo sostenía con fuerza, como si abrazarlo pudiera protegerlo del dolor del mundo.
—Mami… —sollozó el niño entre hipidos—, ¿no tengo papito?
Anahí cerró los ojos. Le temblaba la voz al responder, pero acarició su cabello con ternura y besó su frente empapada.
—Lo siento, mi amor… —susurró—. Soy tu mami y también puedo ser tu papi. ¿Eso puede ser suficiente para ti?
El niño negó lentamente con la cabeza, limpiándo